lunes, 11 de julio de 2016

“V” de viñeta, “V” de vendetta o “El Triunfo del lumpen" con cierta payada de un cantor cordobés


 La historieta "Nadie" de Massei y Aguirre articula lo fantástico y lo subalterno a través de una interesante metáfora sobre la condición del marginal, su "invisibilidad" en el trajinar diario de la apresurada vida de una ciudad, que bien podría ser la ciudad de Córdoba.
Un joven es reprendido duramente por su jefe por no asistir al trabajo Luego las noticias transmiten el fenómeno ocurrido: miles de trabajadores no han asistido a sus puestos de trabajo, incluso el gobernador, lo que genera una parálisis en los servicios públicos y en los comercios.


El protagonista camina por las calles desoladas y se encuentra con una muchacha cuyos padres han sido también afectados por el extraño fenómeno de aletargamiento, como el resto de la Ciudad e incluso los padres del propio Arguello.

Esta atmósfera enrarecida, esta abulia generalizada sin atribución alguna le permite a Arguello percibir a los marginales que ocupan el territorio casi desolado de las calles.
Cuando el territorio parece “desolado” por la paralización del desarrollo “normal” de las  sociedades industriales y el “normal” engranaje de los medios de comunicación aparece un mendigo que dice saber “la verdad” de lo que ocurre al incrédulo protagonista del relato.



La pequeña historieta utiliza el fantástico para demostrar los reclamos de los personajes al margen de la estructura laboral-consumista de la sociedad a través de invisibilidad como metáfora.
Esta condición casi "espectral" de los mendigos que sólo se tornan visibles cuando la ciudad se detiene encierra una fuerte crítica al funcionamiento de una sociedad capitalista  que parece olvidar diariamente que los pobres existen.

Ahora, en el reverso de esta invisibilidad de los mendigos, los desempleados, los vagabundos, en fin: el lumpen se encuentra otra postura aún más violenta que sugiere el detallado relato de la “lógica” marxista.
Ranciere nos recuerda en “El Filósofo y sus Pobres” la postura adversa que el lumpen adquiría en el discurso sociológico de Marx:

Esta descomposición que redobla cada clase se reconocía generalmente en la descripción del lumpenproletariado: “podredumbre pasiva de las capas inferiores de la vieja sociedad”, según El Manifiesto, semillero de ladrones y criminales de toda especie que se nutren de los residuos de la sociedad”, según Las luchas de clases en Francia, este subproletariado, en particular habría provisto las tropas de la guardia móvil en junio de 1848 para acabar con la insurrección del verdadero proletariado (Ránciere, 2013:108)


Pero para Ranciere “la explicación sociológica es perfectamente inconsistente” ya que,  si uno averigua bien, “los guardias móviles pertenecían más bien a la elite del proletariado y no a su desecho”, “pero para Marx la podredumbre no sólo es basura del pasado que obstruye las calles; es el producto de una descomposición de las clases que puede tomar dos figuras opuestas” ya que “ existe la podredumbre activa, la buena descomposición que ataca el orden de las castas y empuja a las clases hacia su muerte y “la podredumbre pasiva, la mala descomposición que las retrotrae por debajo de ellas mismas”.
Este “lumpen” además avizoraba el retorno de los “viejos” elementos de la política medieval, sancionados “moralmente” como el “residuo” no sólo de la burguesía sino también de los “triunfos” de la clase obrera a la cual paradójicamente se intentaba “separar” del “estiércol” “no revolucionario”.
Pero, ¿de qué se le acusa al lumpen? Citando a Jorge Torres Roggero veamos, por ejemplo, la sanción adversa que el personaje “lumpen/pícaro” del Martín Fierro ha tenido en su relato:

¿Por qué vituperar, por ejemplo, al viejo Vizcacha? Porque el viejo Vizcacha no ha robado al fisco, no ha coimeado en grande, no se quedó con tierras y haciendas. El pobre viejo tomó lo que necesitaba para vivir, "mil chucherías y guascas y trapos viejos que para nada servían". Hay también lazos, cabestros, maneadores, pavas y ollas. En realidad, desde nuestro puesto de observación, para nada sirven. Pero si bien se mira, los trebejos de Vizcacha articulan los significantes de las tres actividades que pueblan de gestos, significados y símbolos la vida: trabajar, comer, vestir. En otras, palabras, habitar. Y averiguar cómo se habita es una cuestión de identidad, una razón para estar en el mundo (Torres Roggero, 2012: s/d).

Según informes del INADI (el mismo organismo que publica el libro de Ranciere) dimensiones sociales y económicas reimpulsan el debate sobre la legitimidad y pertinencia del hacer político” mediante “representaciones sociales naturalizadas en el comportamiento cotidiano de las personas poniendo dudas sobre las certezas de los criterios de ‘normalidad’ y continuidad de algunos arquetipos configurados y sedimentados por los procesos culturales:

No es ajena a esta tensión la idea que la sociedad tiene sobre la discriminación, la misma se vincula, por un lado, al reclamo por parte de los/las a una “ausencia” o “falla” expresada en la “falta de educación” de las personas. El concepto de “educación” parece vincularse así con una idea de “normalidad” sedimentada en imaginarios sociales que relacionan la cohesión de la sociedad con determinadas pautas morales que deberían signar el comportamiento de las personas. Cuando esta cohesión es puesta en duda emerge en el imaginario la idea de “crisis moral” o “social” donde la educación como idea fuerza hace gala de su funcionalidad constitutiva en la conformación del Estado-Nación argentino (INADI, AAVV, 2010: 77).

Pero, ¿qué es el lumpen y por qué proclamamos su triunfo? Para Ranciere:

El lumpen no es una clase, es un mito: el mito de la mala historia que viene a parasitar la buena. En este sentido, se inscribe en una mitología obrera ya constituida: denuncia burguesa de los ladrones, prostitutas y “furtivos de los trabajos forzados” como motor escondido de todo disturbio obrero o republicano; denuncia obrera de confusiones interesadas entre el verdadero pueblo trabajador y combativo y la fauna turbia de las barricadas de París. Queda de manifiesto que Marx leyó las denuncias de Cabet a los revolucionarios del cafetín. Y el término “lumpen” tal vez lo saque de Heine: al analizar en 1832 la conexión entre la agitación legitimista y las revueltas de los traperos contra los nuevos coches de limpieza, Heine veía allí la lucha emblemática de todos defensores del pasado corporativista, campeones de las “tradiciones basura” de “los intereses de podredumbres de todo tipo”, en resumen, del “estiércol de la edad media” que contamina la vida de hoy (Ranciere, 2013:109).


El lumpenproletariado se “opone al proletariado como la mala descomposición a la buena, la clase que ni siquiera es una clase a la que ya no es una”. Esta “ imagen fantasmal del ejército de los vagabundos a sueldo de la burguesía recubre un secreto más temible aún: siempre es posible reclutar entre la clase obrera a un ejército contra la clase obrera”. (Ranciere, 2013: 109)
 Entonces, la “traición excepcional” de los guardias móviles que dispararon contra sus “hermanos” obreros se justifica a posteriori por “la traición ordinaria de esos obreros a quienes la prosperidad industrial de 1850 impide reaccionar ante la ley que les quita o prohíbe el sufragio a tres millones de ellos”. Entonces, “llegando “hasta a olvidar el interés revolucionario de su clase por un bienestar pasajero, los obreros renunciaban al honor de ser una clase conquistadora”. (Ibidem).
La definición del “lumpen” que “escandaliza” o, peor aún, que “atemoriza al marxismo” es el reverso de la conducta discriminativa que  justifica y que hace del pobre el perfecto “chivo expiatorio”. Sin embargo, su definición es la subsistencia del pícaro que propone su propia ley:

 Toda clase en tanto sus propios miembros defienden en ella sus interés sociales, es prácticamente su propio lumpen” La “lumpenización” de una clase es su retorno a la estricta conservación de sí (Ranciere, 2013: 109)

Recién cuando la sociedad industrial se detiene, la historieta nos muestra la “visibilización” de esos pobres que siempre estuvieron allí proclamando sus "triunfos", su subsistencia en este caso, al margen de los engranajes económicos promovidos por la sociedad de consumo, la réplica de los pobres en sus propias formas de habitar el mundo ante quienes se les "olvidó" su presencia...


Massei y Aguirre (2010) Nadie; Editorial Llanto de Mudo.
 Bibliografía:

Ranciere, Jacques. (2013) El filósofo y sus pobres. Edición los Polvorines. Universidad Nacional de General Sarmiento. Bs. As. INADI. 2013.
Torres Roggero, Jorge. “Sarmiento, el perfume de las ideas” en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. (consultado el 11/o/2015) Ver:

AAVV. Anuario oficial de INADI (2013). 

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